Cómo Salir Del Alcoholismo Salvó La Vida (y La Carrera) De Gary Oldman

Hoy tiene la apariencia de un profesor de Filosofía, con las gafas de pasta, la perilla recortada y sus impecables trajes, pero hubo un tiempo en el que

Gary Oldman (Londres, 1958) era una bestia indomable. La única forma de canalizar la energía de aquel joven actor era a través de los personajes más salvajes. Su primer gran papel fue el de Sid Vicious en un biopic que prefiere olvidar —

“Si veo esa película haciendo zapping, me dan ganas de tirar el televisor por la ventana”—, y la entrada en

Hollywood fue gracias al gánster que aterrorizaba al mismísimo

Sean Penn en El clan de los irlandeses. Ese registro de villano impredecible, masoquista y desquiciado lo recuperó tantas veces en los noventa que le encontró matices infinitos. El policía corrupto politoxicómano y asesino de El profesional, el cruel alcaide de Alcatraz en Homicidio en primer grado, el terrorista ruso que secuestraba el avión del presidente

Harrison Ford en Air Force One

Fue el mejor malo posible, pero, como ha asegurado, de algunas cintas como Perdidos en el espacio apenas recuerda su paso por ellas. ¿El culpable? El alcohol.

“Cualquier excusa me valía para beber; si era feliz, lo celebraba en el bar; si estaba triste, abría una botella”. Aunque no fue un problema para convertirse en un actor con el que todos querían trabajar.

Francis Ford Coppola lo escogió como el trágico y enamorado Drácula de

Bram Stoker, y había convencido al mundo de que podía ser tanto

Lee Harvey Oswald en JFK: Caso abierto o

Ludwig van Beethoven en Amor inmortal. Sin embargo, algo dejó de encajar. Solo hay que mirar los filmes que aceptó al principio de este siglo para entender que

leía el cheque, no el guion. Con suerte pasaba como en el El quinto elemento, que hizo por devolver un favor a

Luc Besson, productor de Los golpes de la vida, durísima, autobiográfica y única cinta de Oldman como director.

Previo paso por Alcohólicos Anónimos,

decidió dejar de ser el malo de la película. Dos héroes acudieron a su rescate. Mentor de Harry Potter como

Sirius Black y socio de Batman en la trilogía de El caballero oscuro, Oldman demostró que no necesitaba ser peligroso para resultar admirable. De hecho, es oficialment el actor favorito de muchos actores:

Brad Pitt dice que es su escuela;

Jamie Lee Curtis llevaba una foto suya en la cartera para inspirarse; y

Joseph Gordon-Levitt hizo de él la mejor definición posible:

“Es un camaleón, desaparece debajo de sus personajes”.

Precisamente uno de sus mejores amigos,

David Bowie, el gran camaleón del rock, fue de los pocos que se atrevieron a hacerse pasar por él. “Estábamos juntos cuando un fan le pidió un autógrafo”, recordó el intérprete cuando recogió el Brit en honor del músico fallecido. “Cuando nos quedamos solos, me dijo: ‘Se va a decepcionar. Firmé como Gary Oldman”.

Ahora, disfrutando de la madurez que alcanzó como el espía George Smiley en El topo, gracias al que consiguió la nominación que la Academia le negaba, afronta en El instante más oscuro el personaje más difícil de su filmografía: el primer ministro

Winston Churchill. “Es uno de esos papeles que dan miedo, de los que no me dejan dormir por las noches”, ha dicho sobre un reto que conllevaba cuatro horas de maquillaje para lograr la transformación.

“Necesitaba verme en el espejo y sentir que era Winston quien me miraba”.

Source : http://www.revistavanityfair.es/actualidad/cine/articulos/gary-oldman-el-instante-mas-oscuro-winston-churchill/28282

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